Francamente, ¿Que más esperabas?

¿Cuán absurdo es quejarse de las reglas del juego en el que estamos?

En vez de aceptar el cómo son las cosas, intentamos doblarlas a nuestra voluntad. En este esfuerzo, terminamos confundidos, frustrados y exhaustos. Y aún así la arena estará sobre nosotros.

Sugiero que dejemos ir el alboroto, que nos riamos de la insensatez de todo esto y aceptemos el cómo son las cosas.

Un día en la playa

Mientras estaba en la playa, me sorprendí a mi mismo pensando en el enemigo. Se pega a nuestra piel, está por todos lados, y no es otro que la arena. Entonces la idea llegó a mi: cuán ilógico y loco debo parecer.

Estoy en la playa; hay agua salada, un sol implacable, y arena. Francamente, ¿qué más esperaba?

¿Esperaba que la arena se alejara de mi, como un imán repelería a otro? Lo absurdo del pensamiento era gracioso.

No es que de manera repentina amé la arena. Sin embargo, encontré tranquilidad. Ya no estaba resistiendo su existencia.

Recordé la razón por la que estaba ahí, y decidí disfrutar el momento a pesar de la arena.

Las playas tienen arena

En la misma forma que la arena es inherente a la playa, cada juego tiene un determinada serie de reglas.

No podemos escoger las cartas que se nos dan, pero podemos escoger el cómo jugarlas. A pesar de esto, rechazamos nuestra mano y nos esforzamos por cambiarlas.

Sea por ignorancia o negación, insistimos en tocar el fuego sin ser quemados, amar sin implicaciones, o ir a la una playa que no tenga arena. Queremos una parte sin la otra.

Sabemos cuán loco y vano tal esfuerzo es.

Aceptando la arena

Quizá no eliminemos el dolor al aceptar las reglas, pero podemos obtener tranquilidad.

No podemos evitar quemar nuestras manos, el acongojo, o la presencia de cada grano de arena en la playa, sin embargo podemos prevenir el conflicto entre el cómo son las cosas y el cómo creemos que debería ser.

Podemos actuar de manera inteligente cuando entendemos y aceptamos lo que es. Quizá decidamos evitar poner nuestras manos en el fuego otra vez, abstenernos de amar, amar tanto como podamos mientras podamos, o aprovechar al máximo la playa sin importar la arena.

No sigas cavando

Así es como dejamos de fomentar el ruido. Cuando el conflicto aparece, tenemos el hábito de preguntarnos ‘¿Qué más esperaba?’. La tontería de la respuesta puede ser cómica. Nos reiremos, intentaremos entender y aceptar lo que es.

Si alguna vez nos encontramos atrapados en un agujero en la arena, necesitamos parar de cavar. Entiende tu situación. Así es que encontramos una manera de salir.

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Imagen del autor

Laotze de Abreu

Ingeniero en Informática, escritor y humano apasionado por pensar