Hablar parece inútil. Sin embargo deberías hacerlo de cualquier forma
Una vez me preguntaron: “¿De qué serviría hablar?”
A veces los problemas parecen monstruos enormes. Causan que nuestro pecho se sienta apretado y que estemos inseguros de cómo actuar. Reconozco cuán ineficiente suena hablar. Hay cosas que debemos hacer solos, ya sea por elección propia o porque la situación lo amerita.
Aun así, hay razones por las cuales considerar hablar con alguien que se preocupa por nosotros. Si no por nosotros mismos, por esta querida persona.
A pesar de saber instintivamente en ese momento cuán importante era, no encontré las palabras para responder. Ahora sería una historia diferente.
Problemas que tenemos que resolver nosotros mismos
Hay problemas que tenemos que resolver nosotros.
Podemos recibir ayuda con algunos obstáculos, pero no siempre es así. Discutir acerca de esos problemas con alguien externo no parece efectivo. ¿Hablar resolverá asuntos pendientes con compañeros de habitación o las personas con las que vivimos? ¿Qué hay de problemas en el trabajo, o dinero que debemos tener? ¿Puede la persona con la que estamos hablando devolvernos lo que hemos perdido, o disolver nuestro dolor?
La mayoría del tiempo, solo decir qué está pasando no afectará la situación.
Sin embargo, quizá estemos completamente errados acerca del propósito de hablar. No se trata de que esta persona que está dispuesta a escucharnos nos dé una solución. Ellos no pueden resolverlo. En cambio, deberíamos buscar en ellos apoyo para levantarnos. Estas personas representan a alguien que inspira tranquilidad, confianza y un lugar donde buscar refugio.
No soluciones, sino un lugar para recobrar nuestro balance
Cuando cambiamos nuestro objetivo de encontrar una solución directa a recibir apoyo, hay muchas maneras en que otras personas pueden ser cruciales, y hablar es un bote en el medio del océano.
En el momento que les decimos qué está pasando, salimos de nuestra cabeza momentáneamente. Tenemos un medio para soltar nuestras emociones, el espacio para examinar qué sucedió, dado que muchas veces las emociones nos atrapan en una tormenta. Sentimos que el mundo se está cayendo. Pero nos sentimos aliviados cuando podemos cargar esta gran tarea mientras tenemos compañía. Podemos incluso compartir soluciones e ideas prácticas si eso es lo que necesitamos.
Las personas con las que compartimos un lazo especial no tienen que tocar directamente ninguno de nuestros problemas para ser un pilar para nosotros. Y entre todas las razones para conversar, ellos representan una importante.
En los zapatos del otro
Si somos afortunados, habremos estado del otro lado también.
También hemos sido aquellos que han visto a alguien preciado luchar contra obstáculos. Hemos sentido el deseo de aliviar su angustia. Y, si fuese posible, cargarla nosotros mismos.
Desde esta perspectiva, negarse a hablar se traduce en privar a la otra persona de la oportunidad de estar presente y ayudar. Si rechazamos la conversación, los aislamos y dañamos el vínculo que nos une.
Si todo el bien que viene de hablar no fuese suficiente, si no hablamos por nosotros mismos, podemos considerar hablar por ellos.
Aprecia el valor de hablar
No tenemos que hablar, ni presionar a otras personas para hacerlo cuando las vemos enfrentando obstáculos. Es más como un baile, algo tácito. Podemos hablar cuando consideremos que sea el tiempo adecuado y ser pacientes cuando la otra persona decide lo mismo.
La conversación con nuestros humanos favoritos puede que no resuelva nuestros problemas. En cambio, ellos presentan un pilar en nuestras vidas, un barco cuando estamos a merced del mar, una decisión que tomamos.
Nosotros, quienes podemos estar de un lado o de otro, necesitamos apreciar el valor que trae hablar. No solo en términos de balance y tranquilidad, sino también prácticos.
Para esto es lo que serviría hablar cuando el mundo se tambalea y parece derrumbarse. Esa es mi respuesta.