La urgente necesidad de disminuir el ruido

Es imposible disfrutar de la música y bailar a su ritmo cuando hay tanto ruido que nos ensordece.

La canción que el mundo toca está sonando mientras que hay ruido viniendo desde fuera y dentro. Videos, noticias, crisis, emociones, situaciones, conflictos, y todo tipo de distracciones gritan y pelean por nuestra atención. Su estruendo es urgente, nos desconecta de lo que sucede y de nosotros. Nos adormece. Es peor si consideramos que entre más ruido hay, más aparecerá.

La forma de salir de esta ensordecedora cacofonía es ser conscientes del daño que tiene en nosotros y crear espacio para silencio.

El ritmo del mundo y el ruido

La canción con la cual el mundo se mueve puede evocar tranquilidad, promover el suspenso, o tener el perfecto tempo para acompañar tragedia o fortuna. Es una melodía de lo que está pasando.

Sin embargo, cuando existe interferencia, escuchamos a más de un sonido al mismo tiempo. Se mezclan, amplifican, distorsionan, y, en última instancia, nos desorientan.

Cuando el zumbido viene desde adentro, emociones, eventos, ideas conflictivas, trozos de la canción del mundo que de alguna manera se han quedado con nosotros suenan en bucle. Mientras tanto, las que vienen de afuera toman la forma de todo tipo de distracciones que nos tentan ofreciendo placer, ahogando el grito interno, dando una burbuja segura.

Solo momentáneamente, sin embargo.

Desconectados del ritmo

Una vez el ruido está presente, puede convertirse en un círculo vicioso.

El ruido externo es el criadero perfecto para el interno. Disfrutamos de las distracciones, entretanto un conflicto pequeño puede estar tomando forma en nuestro pecho y, abandonado como está, pasa a ser algo grave. Si alguna vez fallamos en mantener esta ensordecedora avalancha de estímulos, el escondite ideal se despedaza, de tal manera revelándolos.

El ruido interno no es agradable. Preferimos la certeza y predictibilidad, contrario a las contradicciones, conflictos y la ambigüedad. Entonces, ante su presencia, buscamos algún alivio. Desafortunadamente, el ruido externo se encuentra fácilmente, y algunos parecen muy baratos a pesar de tener un alto costo. Es así que inconscientemente buscamos el camino más fácil. Nos sumergimos en más ruido.

Cada urgente eco nos impulsa hacia el otro en un ciclo sin fin. El problema central es quedarnos sordos. Seríamos incapaces de escuchar el ritmo del mundo o nuestra propia voz. Se supone que sigamos la música, pero como podemos seguir el ritmo en esta cacofonía?

Reduciendo el ruido

Eliminar todo el ruido no es posible ni deseable. Podemos encontrar belleza en el ruido exterior y descubrir nuevas facetas del mundo, mientras que el ruido de dentro puede servirnos para crecer y ayudarnos a explorar capas de nosotros mismos. Sin embargo, debemos tener cuidado con estas interferencias e incrementar el silencio en nuestras vidas.

Distracción consciente

Las distracciones son como el fuego. Sirven como una herramienta cuando la necesitamos, pero también puede hacernos cenizas. El ruido externo puede atraparnos. Así que necesitamos usarlo de manera correcta.

Crea un espacio y tiempo para distracciones. No dejamos que entren a nuestro día a día a menos que esa sea nuestra intención. De esa manera, tenemos un mayor control sobre cuánto tiempo y donde toman lugar. En el peor de los casos, donde demuestran ser muy salvajes, podría servir de prueba de algo que sería mejor abstenernos.

Deberías también explorar el cómo te sientes después de alguna actividad. Por ejemplo, doom-scrolling y pasar tiempo al aire libre pueden ambas ser gratificantes, pero después de una nos sentiremos refrescados, mientras que la otra nos deja apáticos. Esto puede ayudarnos a evaluar una actividad no solo en términos del cómo nos sentimos durante una acción, sino el efecto que tienen después de la misma.

Espacio para el silencio

El ruido interno no necesita ser aplacado, en cambio necesita silencio. Tenemos que buscar el espacio correcto para que sus sonidos puedan ser escuchados y así entender su significado.

Busca actividades que sean lentas, o hazlas intencionalmente lentas. Un ejemplo sería dedicar 20 minutos de nuestra completa atención a escuchar un álbum, mirar una película, leer un artículo o un libro, escribir una carta, o cocinar. Sin cambiar de tareas.

Puedes incluso retarte a ti mismo a hacer nada. Por dos minutos no hagas nada. Cuando juegas, comenzarás a pensar, mirar a lo que te rodea, o cualquier actividad a tu alcance, y entonces te encontrarás haciendo algo. Entonces comienzas de nuevo. En este silencio, el ruido es fácil de escuchar y abre la posibilidad de explorarlo. Cuando no hay más interferencias, podemos simplemente observar el mundo.

Recuperando nuestro oír

La realidad del ruido es que tenemos que aceptarlo.

Toda la interferencia externa que existe no irá a ningún sitio, sino que se multiplicará y está hambrienta por nuestra atención. En lo que respecta a zumbido interno, emociones, situaciones, o conflictos, son parte inherente de vivir.

Es así que nuestro objetivo es disminuir el ruido.

Sé consciente de la espada de doble filo que representa el ruido externo y escoge sabiamente cómo usarlo. Disipa el conflicto interno dándole el espacio que necesita para ser escuchado e incorporando más silencio en tu vida.

Gradualmente, recuperaremos nuestra habilidad para oír, estaremos en afinidad con la melodía del mundo y nuestra propia voz. Seremos capaces de disfrutar los estruendosos tambores o las reconfortantes arpas.

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Imagen del autor

Laotze de Abreu

Ingeniero en Informática, escritor y humano apasionado por pensar