No temas reemplazar rituales rotos
Todo el mundo tiene rituales. Algunas personas no pueden comenzar su mañana sin café. Antes de dormir, vemos un video o leemos un libro. Siempre cenamos con las personas que amamos, o hacemos tiempo para conversar con ellas. Los rituales son una parte esencial de quienes somos.
Algunas veces estos han continuado por tanto tiempo que no tenemos idea de por qué lo hacemos o, a través de la rutina y las circunstancias, los rituales se han deteriorado. Los mantenemos de cualquier forma, pero son cáscaras. Cosas frágiles que apenas se parecen a su antigua esencia.
Los rituales en sí mismos no importan en absoluto. Si podemos recordar la razón por la que comenzaron, o cuál es su propósito, podemos adaptarlos a nuestra situación actual, o incluso reemplazarlos con otros que llenen su intención.
Nuestros rituales
Los rituales son actividades que siempre realizamos de una manera específica. Tomamos algo que es ordinario y le damos un propósito y un mayor significado. Tienen una repetitiva y predecible naturaleza que nos atrae.
Por ejemplo, la forma en que olemos el café o té negro antes de tomar un sorbo, la manera en la cual decimos hola o adiós a una persona especial, o hablar con ellos a una hora específica.
Estas acciones especiales ayudan a definir nuestra identidad, traen tranquilidad y refuerzan nuestra conexión con nosotros y los demás.
Rituales rotos
A pesar de ser tan significativos, estos hábitos son propensos a ser interrumpidos.
Nosotros cambiamos. El mundo cambia. Aún tomaremos nuestras bebidas apurados antes de salir. Habrán saludos y despedidas, pero les faltará un algo especial. La tan esperada conversación podrá tener una de sus partes distraída, o incluso podría ser pospuesta.
Continuamos con nuestros rituales porque instintivamente reconocemos su peso.
Aun así, podemos olvidar su propósito, o nuestras condiciones pueden restringirnos. En general, el efecto de los rituales sufre.
El motivo detrás de nuestra acción
Estas acciones que hacemos rutinariamente solos, o con otras personas, valiosas por la importancia y la atención que les damos, comenzaron con un motivo.
Cuando los rituales comienzan a romperse, eso es exactamente lo que debemos recordar. El motivo detrás de nuestras acciones.
¿Era el sabor del café o del té, o los pacíficos momentos de silencio cuando nos sentábamos a disfrutarlos? ¿Era el particular saludo o chao, o el implícito mensaje de “Te veo” o “Eres tú”? ¿Disfrutamos tanato lo que estamos discutiendo en la conversación, o puede que sea la compañía, la conexión o el esfuerzo de estar aquí para el otro, sin importar lo que pase?
No debemos perpetuar acciones sin sentido, meras cáscaras de lo que solían representar. No. Debemos adaptar o reemplazar rituales enteros de ser necesario, porque reconocemos el propósito que tienen.
Sé consciente de lo que importa
Deshazte de rituales rotos, si estos fallan en honrar su propósito.
Los rituales no son definidos por las actividades, sino por su intención, la importancia y la atención que les damos.
Podemos encontrar un momento más tranquilo para nuestro té u otra actividad que nos dé silencio. Cuando el espacio para nuestras conversaciones se ve amenazado, u otro ritual obstruido, existen muchísimas formas en que podemos cumplir su propósito, o mandar el mismo mensaje a nosotros mismos, o a las personas cercanas que amamos.
Así que, siempre y cuando sepamos su intención, no debemos tener miedo de modificar o encontrar nuevas maneras de mantener lo que es esencial para nosotros.