Una caminata innecesariamente solitaria
Este solitario paseo, o la ferviente creencia de que tenemos que cargar todo el mundo solamente en nuestras espaldas, nos priva de lo que la vida y nuestra naturaleza tienen para ofrecer.
Tenemos la capacidad de sobrepasar cualquier obstáculo en nuestro camino. Aun así, podemos ir más lejos, ser más felices y tener una travesía más abundante al reconocer nuestra innata necesidad por conexión.
No se trata de poner el peso en otras personas, sino que estas representan un lugar donde podemos descansar de nuestra carga, escuchar acerca de sus altibajos y hablar de los nuestros. Podemos contar con nuestro propio jardín, así como con aquellos que les pertenecen a personas preciadas para nosotros. Juntos nos volvemos más de lo que somos.
Independencia quedándose corta
El esfuerzo por la independencia, lo entiendo.
Nos esforzamos por cultivar en nosotros todo lo que necesitamos para evitar ser vulnerables, estar a merced de menos fuerzas, por ser la única cosa que siempre conocimos, o por probar a la persona leyendo estas palabras, o a alguien más, que podemos. Y sí podemos; somos capaces de mucho por nuestra cuenta. Esta fuerza internal, la habilidad para encontrar respuesta y energía de adentro, es algo que debemos cultivar y de lo que estar orgullosos.
Sin embargo, no puedo imaginarme el mundo funcionando como un vasto grupo de individuos trabajando aislados unos de otros, haciendo todo lo que necesitan para su existencia.
Creados para conectar
Cuando estamos conectados, somos mucho más que individuos juntos.
Podemos contar con la fuerza de otros. No importa si hay una tormenta o es un día soleado, podemos encontrar refugio en sus jardines, ser bienvenidos con una cálida sonrisa, ser escuchados por un oído atento, que nos miren y ser reconocidos, recibir sabios consejos si los pedimos. Su mera presencia nos llena de alegría.
Todo lo que experimentemos será mucho más juntos. Sentimos sus victorias como las nuestras y el dolor de sus lágrimas. Igualmente, nuestro llanto es sentido, nuestras alegrías celebradas y nuestras cargas compartidas. Comunicamos pensamientos y emociones solo con un intercambio de miradas. Estamos entrelazados.
Podemos intentar evitar nuestra necesidad por conexión, pero no sin retorcernos y desfigurar lo que somos en toda clase de maneras. Incluso si logramos conseguirlo, habremos perdido.
Independientes juntos
Tenemos ambos jardines. El hecho de que tengamos nuestros recursos no significa que tengamos que rechazar lo que otras personas pueden ofrecernos. Podemos nutrirnos unos a los otros. Podemos ser independientes juntos.
Siempre podemos volver a nosotros mismos. Tenemos que atender nuestros jardines; arrancar las malezas, regar nuestras plantas, observar las mariposas posarse en las flores y explorar nuestras formas de enriquecer nuestro paisaje interno aún más. Aquí, donde encontramos nuestra paz y buscamos respuestas, la suma de todo lo que hemos hecho y experimentado, quienes somos, ya no es solo para nosotros. También podemos compartir nuestro santuario con las personas que amamos. Un lugar donde ellas también pueden ser escuchadas, ser vistas y recibir una cálida bienvenida.
En medio del caos, no solo tenemos la certeza de tenernos a nosotros mismos, sino también el jardín de esas personas queridas. Discutiremos sobre la mejor manera de cuidar nuestras plantas, cómo lidiar con las pestes, y en algunas ocasiones simplemente disfrutaremos de la compañía del otro mientras tomamos té negro. De regreso, estaremos llevando con nosotros los regalos que nos dieron. En nuestras hermosas interacciones, nuestros jardines cambian, y ninguno es el mismo.
Un paseo placentero
Atiende tu propio jardín; existe una vasta riqueza allí. Sin embargo, no ignores nuestra necesidad por conexión, o la profundidad que la acompaña. Si decidimos permanecer exclusivamente en nosotros, perderemos la oportunidad de ver a través de los ojos de otros, de saber más allá de lo que sabemos, o de ser inspirados por su carácter. Muchos colores y matices se perderían. En cambio, persigue ambos.
Sé consciente de que siempre podemos volver a nosotros, de que somos mucho más cuando estamos juntos, y que podemos confiar en la fuerza de otros y en la nuestra.
Así que, deshazte de este paseo solitario, persigue el ideal de ser independientes juntos, y vamos a transformar el mundo del otro.