Volver a nosotros después del aturdimiento
Podemos estar enfrentando un problema tan complejo, o tantos simultáneamente, que caemos presa del aturdimiento.
En ese estado, seguimos hacia adelante sin pensar a dónde estamos yendo, empujando mecánicamente para avanzar y encontrar soluciones. Sin embargo, ¿qué tal si estamos andando hacia una dirección completamente opuesta hacia donde se supone que vayamos?
Ninguna decisión buena puede salir de ese estado de agitación y urgencia. Necesitamos salir de ese estado, pero ¿cuánto tiempo nos puede tomar?
Puede tomarnos algunas horas, días, meses, o incluso años, recobrarnos de ese golpe.
Necesitamos salir de esa confusión y regresar a nosotros. El marco «¿Qué pasó? ¿Qué significa? ¿Qué haremos ahora?» es el método que usaremos para recuperarnos del impacto y levantarnos.
Conseguiremos esto determinando precisamente cuál es la fuente de nuestros problemas y el contexto que lo rodea, después intentaremos entenderlos, así como el qué hicimos bien y mal. Finalmente, transformaremos todo lo que hemos hecho en acciones y aprendizajes.
¿Qué pasó? ¿Qué significa? ¿Qué haremos ahora?
El este marco sigue el principio de mirar objetivamente a las cosas, encontrar relevancia y significado en ellas, y tomar acción.
El primer paso es el ‘¿Qué pasó?’, cuyo propósito es el de observar, definir, y describir el problema. Para resolver el rompecabezas necesitamos las piezas. No solo descubrimos lo que es, sino también su contexto y todo aquello que juzguemos relevante.
En el ‘¿Qué significa?’ usaremos nuestro explícito «Qué» y su contexto para encontrarles sentido. Buscamos de entenderlos, analizarlos, e incluso descubrir que se pudo haber hecho mejor y qué hicimos bien. Ahora que tenemos las piezas, necesitamos juntarlas.
El ‘¿Qué haremos ahora?’ emplea las dos etapas anteriores. Nuestra atención debe estar en transformar la situación en acciones y aprendizajes. Algunas veces tendremos aún la oportunidad de actuar, hacer algo con el problema. Sin embargo, cuando las oportunidades se han ido, el daño hecho, y las acciones tomadas, todavía podemos aprender acerca de lo que resultó mal, lo que estuvo bien, y qué pudo haberse hecho mejor.
Una forma de siempre volver a nosotros
A través del proceso «¿Qué pasó? ¿Qué significa? ¿Qué haremos ahora?» no solo construimos la información necesaria para tomar una decisión, sino también regresar de la confusión al arrojar luz sobre aquellas partes que desconocemos acerca de lo sucedió y pasar de acciones mecánicas a deliberadas.
Podríamos sentirnos mal, pero ¿sabemos exactamente lo que estamos sintiendo? Si no sabemos lo que está mal o las circunstancias que lo rodean, ¿cómo pretendemos entenderlas? Podemos estar mirando a algo que no es ni siquiera el problema.
Podríamos estar sintiendo ira, tristeza o miedo. Pero, ¿sabemos de dónde vienen esas emociones o qué las causaron? Si no sabemos el porqué nos sentimos de esta manera, ¿cómo pretendemos mejorar las cosas o encontrarles sentido? Podemos estar explicando todo de manera errada.
Así que sabemos de dónde viene nuestra ira, tristeza o miedo. Pero, ¿qué sentido tiene saber que está mal y entenderlo, si no tomamos acción o aprendemos de ello? ¿Cómo podemos pretender tomar acción en algo que desconocemos ni entendemos? Podemos saber sin actuar.
Los pasos en este proceso nos ayudan a diseccionar estas diferentes partes, siempre teniendo como comienzo una pregunta crucial ¿Qué pasó? o ¿Cuál es el problema?, después ¿Qué significa? y ¿Qué haremos ahora?
Preguntas para volver a nosotros
Para salir de la confusión, primero tenemos que saber que estamos confundidos.
La idea es no caer ante la urgencia, incluso si tenemos todas las razones para hacerlo. Necesitamos romper su inercia, así que nos detenemos.
Si la situación lo permite, ve a caminar, tomar agua o refrescar tu cara con ella. Caso contrario, tomas algunos segundos para respirar y recuperar tu compostura.
Entonces podemos comenzar a hacernos preguntas.
Todo el proceso consiste, en esencia, en preguntarnos las preguntas correctas. Puedes usar las siguientes para comenzar; sin embargo, si creas tus propias preguntas de tus circunstancias específicas, serán más efectivas.
¿Qué pasó?
Nos preguntamos sobre lo que está pasando, cuál es tu naturaleza, y cualquier otra información que consideremos importante. Aparte de descubrir cuál es el problema, esto también ayuda a mitigar la urgencia de actuar apresuradamente. Nos preguntamos…
- ¿Qué está pasando?
- ¿Qué estoy sintiendo?
- ¿Cuál es el problema?
- ¿Qué objetivo tengo?
Será habitual encontrarnos con más de un problema, cada uno gritando por captar nuestra atención. Si escribimos cada uno de ellos y los tratamos de manera separada, descubriremos que son mucho más fáciles de identificar, describir, e incluso resolver.
¿Qué significa?
Una vez conocemos bien cuál es el problema y sus circunstancias, podemos comenzar a entenderlos. Necesitamos saber por qué las cosas se desenvolvieron de esta manera, buscar qué se hizo de manera correcta, y lo que se pudo haber hecho mejor. Nos preguntamos…
- ¿Qué causó esto?
- ¿Qué se hizo bien o mal?
- ¿Cómo pudieron haber sido las cosas mejor?
- ¿Qué me hizo sentir de esa manera?
Cuando comenzamos a considerar el «¿Qué tal si…», existe una línea delgada que tenemos que evitar: el pensar demasiado acerca de posibles escenarios. Recuerda que lo que queremos es encontrar cosas para mejorar y explicar qué sucedió, no encontrar una forma perfecta de actuar ni recontar hechos una y otra vez. No te pierdas en la madriguera del conejo.
¿Qué haremos ahora?
A veces es obvio lo que tenemos que hacer, si hemos entendido qué sucedió, el cómo y las posibles mejoras. Sin embargo, saber qué hacer y hacerlo son dos cosas considerablemente diferentes.
Para ir de la teoría a ser pragmáticos, debemos preguntarnos…
- ¿Ahora qué puedo hacer?
- ¿Qué puedo hacer la próxima vez?
- ¿Qué puedo aprender de esto?
- ¿Qué puedo cambiar?
Podemos encontrar muchas acciones y aprendizajes de estas preguntas; escribe cada una de ellas y escoge solo dos, o incluso una. Sin embargo, tiene que ser las de mayor relevancia. Esto hará que comprometernos con ellas y cumplir sea más fácil.
Caer y volver a levantarse
Ahora sabemos que tenemos que preguntarnos para descubrir las piezas necesarias, juntarlas para encontrar su significado, y entonces decidir cómo actuar, qué aprender, y de qué forma queremos cambiar. Podemos hacer este proceso tan breve o extenso como necesitemos que sea.
El punto central es recordar que cuando estemos en medio del aturdimiento, y sintamos la urgencia de movernos por inercia hacia cualquier sitio, nada bueno saldrá de ese estado, incluso si algunas veces tenemos suerte.
En vez de ello, reconocemos el cómo nos sentimos, tomamos una pausa, y buscamos la claridad que encontramos al volver a nosotros. Entonces buscamos entender claramente nuestro problema, las implicaciones que acarrea y su significado, y el cómo podemos actuar y crecer de ellas.
Seremos golpeados por problemas. Caeremos. Aun así, salir del aturdimiento es cada más sencillo. Entonces, cada vez que enfrentemos un problema, tendremos más confianza no solo en nuestra habilidad para resolverlos, sino también para levantarnos.
Ahora tenemos una manera de volver a nosotros mismos.